EL CLUB DE LECTURA COMO PUERTA DE LIBERACIÓN
Para retomar por donde lo dejamos en nuestro Lyceum, nuestro club de lectura propio que nos improvisamos hace unos años en casa de Mari Gracia y que recordamos por ser el primer podcast en formato video que hicimos, vamos a volver a hablar de la importancia de los clubes de lectura en la historia y por qué es importante tener un club de lectura, aunque sea de forma improvisada una noche con amigxs en cualquier sitio. Nosotras, de momento, lo vamos a hacer a través de nuestra newsletter y en dos partes porque este tema da material.
Primero, podemos ponernos y dar unas lecciones de autoayuda y decir por qué siempre está bien hacer un club de lectura, así como nombrar los beneficios, entre los que se encuentra: fomentar la lectura o el pensamiento crítico, ya que esto a veces no lo tenemos muy trabajado y repetimos como papagayas lo que otros, otras, otres nos cuentan, sin apenas análisis. También el club de lectura nos permite conexión social y como no, cultura y aprendizaje.
Club de lectura en el s. XIX
Pero con todo esto, que no es poca cosa, la importancia de estos lugares para las mujeres ha sido fundamental en nuestra alfabetización, desarrollo personal y socialización, sobre todo entre las clases trabajadoras.
En este contexto, las bibliotecas y centros culturales públicos han tomado un papel fundamental.
Los clubes de lectura nacieron en EEUU cuando, allá por el s.XIX se empezaron a asentar las sociedades literarias, formadas mayoritariamente por mujeres. Hoy día se han implantado en cárceles como forma de reinserción y en residencias de mayores como forma de terapia.
Al hablar del s.XIX, siempre se nos viene un poco a la cabeza esa atmósfera opresiva y aburrida, sobre todo en entornos rurales, en la que las salidas posibles permitidas para las mujeres eran, por ejemplo, asistir a un club de lectura.
Otra de las salidas, no tan buena para ellas, pero de las únicas, era enamorarse de cualquier hombre que pasara que las sacara de este entorno aburrido y le diera un poco de dinamita y emoción a su vida. Existe todo un amplio espectro de literatura en la que vemos esta opresión y podemos citar múltiples libros. Es el siglo de las adúlteras, como bien dice Espido Freire en su libro, Dos tardes con Jane Austen.

Tenemos a Anna Karenina o a Madame Bovary.
"Cumbres borrascosas", Emily Bronte, con Catherine que vive un romance apasionado con Heathcliff pero ella se casa con otro, y ella se va a las cumbres borrascosas y enferma de amor.
Incluso en "Sentido y Sensibilidad" de Jane Austen, Marianne Dashwood enferma también de amor.
Con esto solo llegamos a la conclusión de que el amor no es una salida para ellas, porque en el s. XIX el amor es un sentimiento feroz que consume a las mujeres. Además, estamos en un contexto de romanticismo y amor gótico en el que exploramos temas como el amor prohibido, el maltrato, la obsesión, el destino y como final, la muerte.
El club de lectura nos parece mejor idea la verdad.
En la película ¨EL HORIZONTE¨ del año 2019, suiza, dirigida por una mujer, Delphine Lehericey, en la que vemos a una madre de familia asistir a su club de lectura. Es verano, y respiramos esta atmósfera opresiva, ambiente sofocante y el prota, que es un niño de 13 años, ve desmoronarse su familia. Es fundamental el papel de la madre en esta película, ya que normalmente son ellas las que en las familias unen todo, cuidan y llevan la carga emocional. En esta película, cambia el relato y es la mujer la que rompe con todo esto.
Un club para privilegiadas
Como ya hemos comentado en muchas ocasiones, no todas las mujeres tenían la posibilidad de acceder a la cultura. Ahora las posibilidades son infinitamente mayores, pero en aquella época, el acceso a la información y la posibilidad de culturizarse pertenecía a una clase social elevada. Esto ocurría tanto para ellos como para ellas, pero en nuestro caso y como siempre, si eras mujer y pobre, tus posibilidades de culturizarte eran prácticamente nulas. Es por esto que, en más de una ocasión, hemos comentado que en gran parte, el feminismo ha sido un movimiento clasista y racista, necesario por supuesto desde cualquier posición que lo reivindique, pero el gran fallo de este movimiento a lo largo de la historia ha sido precisamente ese, que dejaba fuera del debate a muchas mujeres.
Se puede comprobar que a lo largo de la historia los grandes movimientos feministas en los distintos continentes, han sido llevadas a cabo por mujeres de un nivel o clase social alta, económicamente pudientes y en su mayoría pertenecientes a la aristocracia. Como ejemplo tenemos a las hermanas Ocampo por ejemplo, Victoria y Silvina, en Latinoamérica; las sufragistas en EEUU; las pertenecientes al Club Bloomsbury en Inglaterra o las que conformaban el Club Lyceum de Madrid.

Pero a día de hoy, también se reivindican y se ponen en valor otros movimientos feministas, los pertenecientes a las mujeres que no tenían acceso a la cultura, las mujeres cuya condición social no les permitía pararse a pensar ni siquiera que era el feminismo o que derechos deberían tener, pero que sin embargo tejían una red de apoyo, compresión y soporte, que, aunque nunca se ha consideramos feminismo también lo es. Es el feminismo de la clase baja. El feminismo de las mujeres que no se podían permitir la cultura ni por economía ni por clase social.

Como mujeres andaluzas que somos, de esto igual entendemos un poco, los prejuicios han hecho que nuestra tierra sea famosa por ciertos estereotipos, entre ellos la incultura, aunque esto es un gran melón que tocaremos algún día. Pero desde esta posición es desde donde reivindicamos los feminismos de las clases bajas y esto se entiende muy bien en el libro "Como vaya yo y lo encuentre. Feminismo andaluz y otras prendas que tú no veías" de Mar Gallego. Es un ensayo que reivindica la historia y la identidad de las mujeres andaluzas desde una perspectiva feminista. A través de relatos cotidianos, la autora pone en valor las prácticas de cuidado, solidaridad y resistencia de mujeres andaluzas que han sido históricamente invisibilizadas. A lo largo de su obra, destaca la importancia de reconocer las identidades y culturas locales, como la andaluza, y cómo estas pueden ser transformadoras en el contexto de los movimientos feministas.
Continuará...
